Paisajismo mediterráneo alrededor de la memoria vegetal.
En Villa Elda, el paisaje no se incorpora después de la arquitectura: es su origen. El proyecto parte de la presencia de un árbol monumental que condiciona y organiza la vida exterior de la vivienda, convirtiéndose en el auténtico centro emocional del jardín. La implantación de recorridos, estancias y visuales nace desde el respeto hacia esta pieza vegetal existente, preservando su escala, su sombra y su memoria dentro del lugar.
El jardín desarrolla una atmósfera mediterránea serena y luminosa, donde la vegetación se combina mediante masas suaves, texturas naturales y una paleta adaptada al clima de mediterráneo. Lavandas, aromáticas, gramíneas, olivos y especies de bajo consumo hídrico acompañan la arquitectura con naturalidad, evitando artificios y reforzando la sensación de calma y permanencia.
La relación entre pavimentos claros, muros pétreos y vegetación estructurada permite que el paisaje dialogue con la vivienda desde la continuidad visual y material. Cada espacio exterior ha sido pensado para integrarse de forma silenciosa con el entorno, generando transiciones suaves entre arquitectura, jardín y arbolado existente.
Más que un jardín residencial, Villa Elda representa una manera de intervenir sobre el territorio desde la sensibilidad y la conservación, entendiendo que algunos elementos preexistentes poseen el valor suficiente para definir por completo un proyecto.




